En familia trabajan los Galván
Posted on Thursday, July 3, 2008
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Antonio Galván siempre trabajó en su propio negocio. Tuvo maquiladora de hule, hizo tabiques de concreto para construcción, distribuyó Coca-Cola, y eso fue después de aprender a sobrevivir.
Su madre es indígena y su padre era cacique, dijo, y esa diferencia hizo que la familia no la aceptara. Los despreciaron y su padre se volvió alcohólico y murió. Antonio tenía entonces 5 años y llegó a tener 17 hermanos; por la pobreza en que vivían murieron 10. Su madre hacía dulces de calabaza, gelatinas, sopes y tacos para vender, pero también lavaba ropa para otros para poder alimentarlos. Ella aún vive.
Antonio nació en el estado de Hidalgo, México, trabajó en programas de gobierno durante la presidencia de Luis Echevarría. La política fue parte de su vida, dijo, le gustaba la actividad de las campañas y, en el tiempo de votar, la familia entera, incluyendo a su esposa Fidela Dorantes y sus hijos, 4 mujeres y 1 hombre, dormían bajo las urnas para que nadie las robara.
Fue juez de municipio sin haber estudiado leyes ni haber ido a la escuela por la pobreza, dijo. A sus 12 años empezó a trabajar en el mercado de Atzcapozalco descargando la mercancía de los camiones, ganando unos centavos.
“ Mi abuelita quería que se casara mi papá con alguien rica, olvidando lo que ella vivió, nunca le ha gustado mi mamá”, dijo Karla Galván, una de las hijas de Antonio. A diferencia de su padre, ella pudo terminar la preparatoria en Chapantongo, Hidalgo.
“ Luego decidimos venirnos a Brokenbow, Oklahoma, pues al entrar al país el libre comercio los productos de hule de gran calidad y de producción limitada de la empresa de mi padre no podían competir con [productos ] de Estados Unidos y Canadá, por lo que mi papá prefirió vender todo; supuestamente nos quedaríamos un año y volveríamos ricos, como si se barrieran los billetes en el suelo”, dijo Karla.
Antonio trabajaba reparando carros chocados y luego irían a trabajar a las plantas avícolas. Todavía no habían aprendido inglés cuando compraron una casita. “ Mi papá me obligó a aprender el idioma... eso se lo agradezco”.
Con ayuda de maestros, Karla Galván entró a trabajar. En un banco colaboró con los clientes que hablaban español y recibió cursos de glamour y etiqueta. “ Si no ibas vestida adecuadamente te devolvían para que te cambiaras, afortunadamente no me pasó”, dijo.
“ Mi papá a finales del 2002 quiso abrir un negocio de dish (televisión satelital ) y trabajar en familia, venderíamos y se instalarían. Pero permisos y autorizaciones nos tomó 6 meses, teníamos que conseguir local, el letrero, los muebles. Primero fue en la calle 13 en un local pequeñito, mi hermana Dolores y yo estábamos en la oficina, mientras mi padre iba de puerta en puerta vendiendo el servicio. Otro local fue en la calle 8 frente al correo, un poco más grande y rentado, y como había más tráfico, nos llegaron cantidad de nuevos clientes”, dijo.
“ Sin crédito, una persona de Arvest Bank creyó en nosotros y nos hicieron préstamo para un local. Estaba feo y en 6 meses lo reparamos entre la familia, nos quedábamos hasta la madrugada. Amigos de la iglesia... nos ayudaron, nunca podremos pagarle todo lo que hicieron. Abrimos en un local propio en enero del 2005, yo administro, vendo, mi papá y mi primo instalan y, si se necesita que instale, lo hago también”, dijo Karla.
“ Las personas vienen porque tenemos buen servicio al cliente, si tienen algún problema, tratamos de solucionarlo inmediatamente, por eso siguen siendo nuestros clientes desde nuestros inicios en el 2002 ”.
Y sin mencionar que ofrecen servicio de envíos de dinero a todo el mundo y pagos de facturas y tarjetas de crédito.